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El algo antes de la nada

Todo lo que conocemos comenzó con un bang. No el usual bang que regularmente asociamos con el disparo de una pistola o fuegos artificiales debido a nuestra limitada perspectiva. Si no, más bien, un bang cósmico. Lo cual significa que, en lugar de explotar, algo comenzó a expandirse.

¡Y vaya que ese algo se expandió!

Representación gráfica de la expansión cósmica a partir del Big Bang.

Ese algo se expandió tanto, de hecho, que dejó de estar en un estado denso y caliente de campos unificados de proporciones mínimas para convertirse en una magnitud relativamente fría y en apariencia solitaria de 3 dimensiones espaciales y una temporal.

En otras palabras, ese algo pasó de ser excesivamente pequeño a impresionantemente enorme.

Seguidamente, este continuaría en constante expansión por alrededor de 13.8+ billones de años. Generando, en el proceso, toda clase de objetos de aspecto gracioso a base de luz y polvo.

Es decir, los cuerpos a los que nos gusta llamar galaxias y estrellas al igual que el resto de objetos espaciales de los que actualmente somos conscientes.

Fotografía de la pareja de galaxias interactuantes Arp 273.

Sucedió, entonces, que en un brazo trivial de una galaxia sin importancia surgió una estrella irrelevante, quien formó su propio sistema solar intrascendente.

En dicho sistema, un planeta, que en la inmensidad de su localidad luce como un simple punto azul pálido, tomaría forma. Siendo tal el lugar donde nosotros, un grupo de simios (a quienes no siempre nos enloquece la idea de ser denominados como tal), nos estableceríamos como la especie dominante al cabo de millones de años.

Y fuimos nosotros, como simios dotados de grandes cerebros e ideas graciosas, a quienes se les ocurrió llamar a ese algo previamente sin nombre en continua expansión: el universo observable.

Composición del universo observable en una sola imagen.

Pero, sin importar que tan buenos sean nuestros cerebros de simio para otorgarle nombres a las cosas, me temo que no somos lo suficientemente brillantes como para explicarles y, peor aún, entenderles.

Y siendo así, de “cierto modo” sabemos cómo se originó la expansión, mas somos incapaces de esclarecer el por qué detrás de su ocurrencia y mucho menos podríamos explicar lo que había antes de si.

Simplemente sabemos que “sucedió”, porque estamos aquí ahora y ello parece ser prueba suficiente de que “algo ocurrió”.

Con lo cual, tal incertidumbre naturalmente provocó el surgimiento de muchas preguntas carentes de respuesta. Convirtiéndose estas, más tarde, en temas de artificiosa “especulación eterna”.

Fotografía de un esqueleto artificial pensando.

Sin embargo, nuestros viejos instintos de simio no aceptan una renuncia a nuestro presente dilema de manera tan fácil. Después de todo, solemos creer que estamos en una incesante búsqueda por “responder las grandes preguntas”, pese a no comprender enteramente sus implicaciones.

Y así comenzamos a investigar, utilizando un método que afectuosamente denominamos “ciencia”. La cual, si bien no es del todo perfecta, es válida (en su mayoría).

Fotografía de un telescopio con su vista hacia el cielo estrellado.

Ahora bien, los problemas que emergen a partir de dicha metodología son el producto de nuestra falta de concordancia en cuanto a su aplicación. Mas todos convenimos en que, sin importar si el fin último es el mismo, cada quien es libre de elegir la manera de alcanzarle.

Principalmente porque la ciencia ofrece un campo abierto para encontrar soluciones viables con respecto a los aspectos más peculiares del Universo, pese a no poder probarles debido a nuestras restricciones actuales.

A causa de ello, es posible que escuche más de una “idea científica” proveniente de nuestros colegas físicos simios sobre lo que existía “antes” de nuestra concepción del espacio-tiempo en el universo conocido. Siendo las más populares entre dichas hipótesis las siguientes:

  • Un Gran Rebote tuvo lugar.
Representación gráfica del modelo científico del Gran Rebote.
  • Nos encontramos en el “otro extremo” de un agujero negro (situados en lo que se conoce como un agujero blanco).
Impresión artística de un agujero blanco.
  • “Burbujeamos” fuera de un universo aún más grande.
Impresión artística de un universo naciendo a partir de otro a manera de burbuja.
  • Somos parte de un grupo extendido de “universos bebés” dentro de un multiverso.
Impresión artística del multiverso.

Mas todas estas son meras conjeturas en relación a lo que “podría ser”. Porque de acorde a la realidad de las cosas y bajo nuestros límites presentes, hemos de aceptar que no lo sabemos.

Sin embargo, ello no debería hacernos desistir de nuestra búsqueda, pues resulta hermoso pensar en un grupo de simios que incansablemente persiguen fronteras desconocidas. Al fin y al cabo, las fronteras son meros constructos que realmente no impiden el que crucemos los límites de lo que podemos lograr.

Mientras sigamos buscando conocimiento y vayamos más allá de nuestros límites a medida que el Universo se expande, eventualmente alcanzaremos nuestro objetivo y diremos que todo valió la pena, sin importar las veces que nos vimos atascados.

Fotografía panorámica del cielo nocturno terrestre.

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