ES

Propuesta indecente

Sucedió durante uno de esos días calurosos de verano. Mi mañana había sido particularmente insulsa, seguida de un mediodía libre de eventualidades y una tarde aburrida.

La esperanza de hacer algo interesante se desvanecía con cada minuto que pasaba en el reloj.

Tan abatida como me sentía, tuve la necesidad de simplemente recostarme en el sofá de nuestra habitación, pensando en cuestiones existenciales en medio de mi presente vacío mental.

Fue entonces que él llegó a casa.

Suceso del cual no me percaté. Después de todo, él se maneja en el silencio y la cautela.

Se dedicó por un par de minutos a dar vueltas en la sala, al tiempo en que se quitaba la ropa. Desde su elegante corbata hasta los zapatos que tocaban el suelo a sus pies.

Así dejaría todo atrás, entrando a nuestra alcoba con toda la confianza del mundo y faltándole más que solo su camisa y pantalón.

Me miró por unos cuantos segundos con la abundante lujuria que dibujaba en todo su rostro y la cual se mostraba, sin mayor sutileza, en cada parte de su cuerpo.

Todo lo que debió hacer después, al cabo de cada una de sus miradas rebosantes en picardía, fue sonreír. Y, formando un arco sensual con los labios, en un breve susurro me decía, “Hmm”.

Fue así como me vi cautiva de sus movimientos indiscentes y acciones provocativas que me invitaban a disfrutar de mi noche. Dejando, sin más, que me llevase a la cama, tan fácilmente como se había adueñado de mi corazón.

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