ES

Una mirada a la fábrica del espacio-tiempo

Solíamos pensar que el Universo estaba hecho de pequeños puntos invisibles de energía, empujándose, dando vueltas y zumbando juntos. Y que, por medio de los arreglos particulares que estos tomaban y la forma en que rebotaban entre sí, se podía producir todo tipo de materia física.

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Impresión artística de un átomo.

Más tarde descubrimos que el Universo, en realidad, está hecho de pequeños hilos invisibles de increíble longitud. Los cuales, del mismo modo en que una cuerda de violín cambia de tono al ser tocada, forman nudos entrelazados, cual espagueti cuántico, que se flexionan y cruzan entre líneas, haciendo resonar en todo el conjunto espacial un código vibratorio complejo que define cualquier apariencia y característica externa.

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Impresión artística de las cuerdas cuánticas.

Aunque, luego de dicho hallazgo, indagamos que la realidad probablemente se componía de pequeñas sábanas invisibles. O, bien, muchas capas de delgadez infinitesimal que ondulan a velocidades tremendas. Llámadles múltiples océanos paralelos que cuentan con superficies tambaleantes y crestas de olas y cuyos besos persistentes se expresan como formas materiales específicas.

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Impresión artística de las sábanas cuánticas.

Pero, al analizar nuestros números, se presentaron pequeños bloques invisibles que cambian de forma, se retuercen y abultan, se enclavan y desacoplan, al tiempo en que se frotan y golpean, se tambalean y parten. Formando pues, por medio de su algarabía, la gama de sustancias que damos por sentado.

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Representación gráfica de los bloques cuánticos.

Éramos jóvenes.

Muy jóvenes, de hecho.

Por lo cual permitíamos que la ansiedad de la juventud tomase lo mejor de nosotros para aferrarnos a cualquier prueba que tuviésemos de frente.

Por fortuna, la humildad libera, porque al tratarse de cuestiones verdaderas, no somos exigentes.

Y así fue, hace mucho tiempo.

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Fotografía de la Vía Láctea, vista desde la Tierra.

Mas, desde ese entonces, nuestros modelos se han elevado a un espacio de once dimensiones, cuando nuestra solicitud de financiación adicional fue rechazada y se nos pidió que desalojásemos nuestras instalaciones cósmicas.

Situación que tomamos a bien, ya que somos optimistas del futuro.

Sin embargo, esta no sería el verdadero problema, pues ya se ha de imaginar lo incontrovertible que resulta transportar muebles de once dimensiones en una camioneta tridimensional.

¡Vaya locura la nuestra!

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